Pregunta nº4: Maite B. España el 12 Noviembre 2020
«Recibí una propuesta para realizar la RESFO en un centro de diversas terapias (reiki, acupuntura, flores de Bach, etc.) y respondí negativamente, considerando que esto no es compatible con la RESFO porque el objetivo de la RESFO es totalmente diferente al de estas otras técnicas, que no tienen ningún punto en común. Me gustaría saber si mi razonamiento es correcto».
Respuesta el 15 Noviembre 2020
No puedo responder de entrada si el razonamiento es correcto porque, para saberlo, primero debemos definir con precisión el objetivo de la RESFO y el de las otras técnicas. El objetivo de la RESFO es liberar a nuestra muerte un metafísico que sea viable en otro mundo, a imagen de lo que sucede en el mundo uterino del embarazo: la placenta debe respetar una existencia que le permita liberar, a su muerte, un feto capaz de existir en el mundo que lo recibe. La existencia tiene lugar, desde el nacimiento hasta la muerte, gracias al funcionamiento de nuestras células sometidas y controladas por la actividad de nuestros genes, actividad que cesa en el momento de la muerte y provoca el cese de todas nuestras funciones vitales.
En la nueva visión del hombre, el capítulo que precede a las respuestas a las preguntas, he definido el genoma como todo el material genético de un individuo o especie, codificado en su ADN. Es su patrimonio hereditario, escrito como un libro. La forma en que se lee este libro, y por lo tanto la forma en que se ordena a los elementos de la célula para producir lo que pondrá en marcha las funciones orgánicas, depende del epigenoma. Este último, si bien los genes no se ven afectados en su constitución, modificará su acción para hacerla diferente de la que debería haber realizado. La sesión de la RESFO permite restablecer progresivamente, a nivel celular, la lectura correcta del genoma en lo que respecta a su constitución. Aparte de la acción directa de la RESFO, es posible, cambiando nuestras actitudes y forma de pensar, actuar sobre el epigenoma. La epigenética es una nueva ciencia que estudia el epigenoma, es decir, los mecanismos que modifican de forma reversible, transmisible (durante la división celular) y adaptativa la expresión de los genes sin cambiar su estructura. Ésta revela que nuestra herencia y nuestra forma de vida influyen en nuestros genes. Los consejos que esta nueva ciencia nos da para cambiar nuestros comportamientos son: comer una dieta equilibrada (reducir el consumo de calorías), hacer ejercicio (esfuerzo físico regular de 30 a 40 minutos al día), gestionar el estrés (a través de la relajación, el yoga, el qi gong, la meditación…), y mantener el placer (estimular las 4 hormonas del placer para desencadenar emociones positivas). Si podemos aceptar una alimentación equilibrada y un esfuerzo físico adaptado a cada persona, es difícil manejar nuestro estrés y mantener nuestros placeres sin involucrar nuestra mente psíquica que sólo puede actuar en relación con el pasado o un futuro imaginario. La mente psíquica resulta ser, por lo tanto, el único enemigo de nuestra mente celular. En efecto, esta última debe activarse sólo en la realidad del momento funcional actual común a todo el organismo. Es fácil comprender su importancia con un ejemplo sencillo: cuando se consume azúcar, por ejemplo, la glicemia aumenta y las células del páncreas recibirán una orden de la mente celular, es decir, del genoma, de segregar una cantidad suficiente de insulina para que la glicemia vuelva a su nivel normal. Imagina que el funcionamiento de las células del páncreas depende de la mente psíquica. El placer de la dulzura del azúcar haría olvidar el peligro de no controlar el nivel de azúcar en la sangre y la hiperglucemia podría ser fatal, o bien, si la mente psíquica tuviera el conocimiento del peligro de la hiperglucemia, daría la orden de tomar una cierta cantidad de insulina antes de consumir el azúcar y esto produciría, entonces, un malestar por hipoglucemia.
Es cierto que la medicina, al no tener conocimiento de nuestro metafísico que obliga a nuestra mente celular a realizar su actividad en la realidad del momento presente para respetar una armonía funcional total en la totalidad de nuestro ser, físico y metafísico, pueda dar tal consejo.
Dado que el epigenoma depende de la evolución de nuestra existencia, es bueno respetar lo que nos ha permitido ser creados. Si nos resulta difícil memorizar el primer estado de nuestra vida, podemos referirnos a lo que fue necesario en un mundo anterior para poder nacer en el mundo actual. Para que el óvulo y el espermatozoide crearan la primera célula era necesario que el óvulo y el espermatozoide se aceptaran mutuamente y crearan el momento presente, por lo tanto tenían que aceptar sus diferencias (pasado y futuro), pero al mismo tiempo tenían que aceptar su función similar porque son gametos del mismo valor, femenino o masculino.
Por lo tanto, puedo responder ahora que la actitud que debemos adoptar, responsable del epigenoma que perturbará nuestros genes, no permite el ejercicio de la RESFO, que requiere ser NADA a nivel de la mente psíquica, en un entorno cuyo ejercicio requiere ser más que Nada para ser TODO, el mejor, y en el que no se respeta la realidad del momento presente. Aceptar la diferencia sin que haya un semejante, es tan perjudicial como aceptar un semejante sin que haya una diferencia. Así, para que una pareja, ya sea material o inmaterial, sea armónicamente funcional, debe respetar esta actitud que la RESFO inspira en nosotros. Si tomamos, por ejemplo, la imagen de una pareja, los pedales de una bicicleta: los pedales son similares en forma pero tienen una diferencia de disposición, lo que da lugar a un tercer término: una función que puede expresarse, por ejemplo, mediante la producción de electricidad. Esto me permite abrir una o más reflexiones sobre la importancia de no confundir la diferencia entre un conjunto y una pareja real, para saber si podemos darles el mérito de una función.